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Repintar las pinzas de freno: 6 razones por las que es un peligro que deberías evitar

Entre las variantes de alto rendimiento de todos los fabricantes de automóviles no es extraño ver pinzas de freno de todos los colores, especialmente en tonos rojos, azules e incluso dorados. Sin embargo, hace algún tiempo se puso de moda la práctica de pintar las pinzas de freno entre aquellos que querían darle a su vehículo un aspecto algo más racing, y lejos de acudir a un taller especializado a que les hicieran el trabajo, muchos optaron por comprar un spray de medianamente buena calidad y hacer el trabajo ellos mismos.

Esto queda muy bonito detrás de unas grandes y esbeltas llantas multirradio, e incluso en las motos, no nos olvidemos de ellas, pero también acarrea graves peligros que, personalmente, no le recomendaría a nadie correr sólo por tener un automóvil o una moto algo más pintona y ahorrarse unos centavos que a la larga acabarán saliendo igualmente de su bolsillo.

Cuando decidimos pintar algún componente de nuestro vehículo por nosotros mismos, hemos de tener en cuenta que hay pigmentos con menor resistencia a la luz, a los agentes atmosféricos y, lo que es más importante en el caso de las pinzas de freno, a las altas temperaturas. Si obviamos todos estos datos, probablemente acabemos teniendo un percance, así que quizás te resulte más conveniente adquirir unas pinzas originales que ya vengan pintadas de fábrica.

Estos son algunos de los riesgos más habituales que puedes correr:

1. La pinza podría no ser nueva: Tanto si acudes a un taller no especializado como si optas por comprar una pinza de segunda mano, deberías tener claro cuál es el origen de la misma, ya que esta podría proceder de un vehículo accidentado, de un automóvil que ha recorrido miles de kilómetros con ella o hasta de un vehículo robado. No es oro todo lo que reluce y las pinzas de freno son un componente crítico del vehículo y en sus manos ponemos nuestra seguridad e incluso nuestra vida. Si aun así vas a optar por ellas, ten primero muy claro su pasado…

2.  Huye de las marcas blancas: No es descabellado optar por unas pinzas de freno de un fabricante poco conocido, incluso nos pueden intentar dar gato por liebre y vendernos unas pinzas repintadas que ni siquiera pertenezcan al mismo modelo de vehículo. Cada pinza ha sido diseñada para un vehículo concreto y no deben montarse en un coche para el que no han sido diseñadas, pues el peso, la potencia y las características mecánicas del mismo varían entre los modelos y fabricantes. Una pinza inadecuada puede, en el mejor de los casos, silbar o durar menos, pero en situaciones menos favorables podrían fallar y frenar mal en ciertas condiciones de carga y velocidad.

3. Durabilidad: Las inclemencias meteorológicas y el calor que se produce en la frenada son un gran enemigo de la pintura, especialmente si esta es de mala calidad. Tanto si optas por comprar una pinza repintada como si decides llevar a cabo la hazaña de pintarla tú mismo, debes saber que es probable que al cabo de unos cuantos kilómetros esta se desconche o se decolore y provoque averías. Además, este mismo efecto nos impedirá ver cuál es el estado real de la pinza. Piensa que el ciclo de pintura industrial es largo y complejo, por lo que un proceso mejorado y perfeccionado en el tiempo, muy tecnificado, será el que asegure la longevidad de tus pinzas.

4. Calidad y averías: en el mercado de accesorios originales hay pinzas de colores adecuadas a cada modelo, lo que se traduce en garantías de calidad y postventa. Una pinza inadecuada, además de lo expuesto anteriormente, puede suponer un sobrecalentamiento de los frenos a causa del continuo rozamiento de la pintura con el disco. Si además no se trata de un accesorio original y no tiene garantía, posteriormente no podrás reclamar responsabilidades a quien te las montó. Imagina que has provocado un accidente en el que hay daños materiales y personales graves, ¿quién se hará cargo de los gastos porque decidiste optar por lo más barato y clandestino?

 

Fuente: https://www.autonocion.com

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